La Columna

CENTRARSE
Mantener la Integridad de la Columna Vertebral: El Axis Central
Texto de Donna Farhi

La integridad de la columna vertebral debe de conservarse en todos los movimientos. Esta se mueve debido a la combinación de la fuerza de la gravedad, la respiración y una intención bien dirigida.

Para que la gravedad pueda ejercer su función debidamente, las curvaturas de la columna vertebral deben estar en una proporción equilibrada. Sólo de esta manera, con curvas armoniosas, será posible que haya libertad de movimiento y la función óptima de soporte de otras estructuras del cuerpo podrá lograrse.

Las primeras dos curvas de la columna vertebral se forman mientras nos encontramos dentro del vientre materno, en posición fetal, estas son: la curva torácica y la curva del sacro. A estas se les llama: las curvas primarias. Las doce vértebras torácicas, así como las cinco que se encuentran fusionadas en el sacro cumplen con la función de limitar los movimientos y crear estabilidad, esto hace que estas zonas, por consecuencia, sean más rígidas.

Después de nacer, cuando empezamos a levantar la cabeza motivados por el deseo de ver y experimentar el mundo que nos rodea, los huesos del cuello empiezan a crear una curva opuesta a la dorsal, se crea la forma convexa de la curvatura cervical. Posteriormente, empezamos a impulsarnos desde los codos, así empezamos a extender la espalda baja, y gradualmente, en la medida que vamos poniéndonos de pie, se va desarrollando la curva lumbar. Estas dos curvaturas convexas se conocen como curvas secundarias. Estas curvas, junto con el ángulo de las articulaciones que las rodean dan el soporte necesario para que podamos realizar movimientos en casi todos los planos.

La extraordinaria flexibilidad que aporta esta estructura en las dos áreas mencionadas, hace que tengan gran movilidad. Sin embargo con la movilidad viene la inestabilidad, por lo que no debe de sorprendernos que, tanto el cuello, como la región lumbar sean más propensos a lesionarse.

Es importante comprender que la estructura de curvas que se alternan de cóncava a convexa, en la columna vertebral, sirven para absorber el shock frente a la gravedad en nuestra postura erecta. Además, debido a que la forma de la curva cervical y la de la curva lumbar se desplazan hacia adentro, se sitúan más cerca del centro; la primera en el cráneo, la segunda en la cavidad torácica. Estas favorecen la carga óptima en ambos pesos. Cuando la gravedad pasa por el cráneo y de ahí pasa a través del cuello, en primer lugar, y posteriormente en la curva lumbar hasta llegar a los pies, es necesario que nuestra estructura ósea esté bien alineada para evitar que nuestros músculos se encuentren en permanente tensión y desequilibrio.

El ideal es que, si la estructura ósea se alinea correctamente, los músculos funcionan sin exceso de tensión y por lo tanto podemos relacionarnos fácilmente con el efecto de rebote, siempre y cuando nuestra columna sea un conductor eficiente de la fuerza de gravedad. Si una curva se vuelve excesiva, como en la hiperlordosis, o demasiado pronunciada como en la cifosis, o demasiado plana como en la hipolordosis (lo cual podemos observar que sucede con frecuencia, ya sea en cuello o cintura), la columna se vuelve menos eficiente, o casi disfuncional.

Llamamos columna neutra a aquella, cuyas curvas mantienen una buena proporción y ritmo, de cóncava a convexa. Para lograr la salud de la columna, se requiere que realicemos movimientos que nos saquen del rango de neutralidad, moviéndola en ambas direcciones, de forma progresiva y adecuada; y justo la práctica de yoga está en buena medida basada en esa acción.

Si una espalda es sana, podremos desplomarnos a ratos, y en otros momentos colocarnos erectos, siempre y cuando pasemos por, y regresemos a la neutralidad. El problema radica en que a veces pasamos demasiadas horas en una posición tal como la que adoptamos frente a la computadora, acostados en colchones demasiado blandos, posturas asimétricas que constantemente nos mantienen en una sola dirección, de tal manera que la columna empieza a fijarse y degenerarse.

La columna es como un collar de perlas que tiene pequeños nudos entre una y otra, los cuales previenen de que se rocen y se desgasten. De igual manera nuestra columna tiene espacios intervertebrales, los cuales, si mantienen su integridad hacen que nuestra columna sea sana. Después de la segunda década de vida, los discos fibrocartilaginosos, para mantenerse sanos, requieren de movimiento adecuado para mantener el flujo de nutrientes adecuados. Mover la columna hacia atrás, hacia delante, hacia los lados, en rotación, nos permite mantener su flexibilidad y su rango óptimo de movilidad.

Los espacios intervertebrales no sólo son necesarios para el rango de movimiento, sino que son esenciales para la salud del sistema nervioso central. Si estos espacios se restringen, se puede producir una alteración entre el sistema nervioso central y el resto de nuestro cuerpo.

En la práctica de yoga, la comprensión de la postura neutra es el punto de partida de todos los demás movimientos y direcciones de movimiento. Muchas posturas están diseñadas para que podamos comprender la neutralidad en diferentes ángulos de movimiento. Aún en las posturas extremas, nos movemos desde el neutro y regresamos a el, antes de cambiar hacia otra dirección. La prueba máxima para el yogui es mantener una espalda bien alineada en postura de meditación durante períodos prolongados.

Mientras que la posición de nuestra columna vertebral es importante, resulta más relevante ser capaces de mover la fuerza a través de ella. Una fuente de agua es un objeto inerte, hasta que no pase agua a través de ella; lo mismo sucede con la columna, ya que sólo adquiere su vitalidad cuando entran en juego las fuerzas combinadas de: gravedad, respiración e intención dirigida.

El movimiento de columna es prácticamente el mismo en todas las posturas. Una vez que sabemos alargar la columna, este conocimiento es aplicable a cada movimiento que realicemos.

Preguntas que nos ayudan a integrar este principio:

  • Cuando estés realizando una postura, pregúntate ¿en donde debe de estar mi columna para poder atrapar debidamente la ola de la respiración?
  • Observa que tan rígido está tu centro o núcleo, pues esto previene de nuestra posibilidad de alargarnos debidamente.
  • Asegúrate de que tu abdomen esté lo suficientemente suave, aunque en parte sostenido, como para poder sentir el fluir de la respiración.
  • Revisa cuáles son los puntos más rígidos o bloqueados a lo largo de tu columna, de tal manera que puedas hacer movimientos que ayudan a desbloquear estas áreas.